Pienso que hay algo mágico al ver cómo una familia crece, no solo por las nuevas personitas que llegan, sino también por todo el amor que se siente entre ellos. En esta sesión de fotos, además de centrarme sobre todo en la peque recién nacida, me encantó percibir la complicidad de la hermanita mayor, y ver cómo exploraba este nuevo rol con curiosidad y ternura.
La dinámica en casa en esos primeros días de vida, un reflejo de esa etapa de transición. En esta sesión, como lo hago siempre, dejé que las cosas fluyeran de manera natural, dejando que los momentos surgieran de forma natural, sin prisas ni poses forzadas, adaptándonos al ritmo de la pequeña.
Quizás es porque yo también soy la hermana mayor, y recuerdo los primeros días de vida de mi hermano con mucho amor y curiosidad (no tengo muchos recuerdos de hechos concretos, pero sí de las sensaciones), reconozco que me encanta incorporar a los hermanos mayores en estas sesiones porque ellos también están viviendo un cambio importante. Fotografiar y guardar su perspectiva, su emoción y su papel en esta nueva etapa es tan valioso como las imágenes del recién nacido.